OPINIóN

Editorial: Frontera



El cierre de fronteras para intentar ralentizar la propagación del COVID-19 dio lugar a que en El Oro se abran pasos clandestinos hacia el Perú y por ellos circulen a diario miles de personas con distintos objetivos: extranjeros como los venezolanos que están de tránsito por Ecuador y buscan llegar al Perú para continuar con su viaje irregular hasta Chile incluso. Extranjeros como los haitianos que buscan llegar a otros países de destinos y para llegar, cruzan por este territorio. Comerciantes de distintas partes del país que buscan mercadería barata en el norte peruano para venderlo en el país sin pagar los impuestos de rigor que implica una importación legal, es decir, contrabandistas, entre otros.

Pero al querer cruzar se encuentran con una serie de obstáculos: no hay paso por el puente binacional. El cordón fronterizo está militarizado de los dos costados y existe, además, vigilancia policial. Sin embargo, hay quienes se encargan de llevarlos de lado a lado de la frontera. Estos sujetos son conocidos en Huaquillas como “pasadores de personas”. Estos pasadores de personas cobran $ 10 a cada ciudadano que desea cruzar la frontera y $ 10 más para regresar. En un día, al menos 4.000 cruzan. Es decir, los pasadores de personas se quedan con unos $ 80 mil diariamente. ¿Dónde va ese dinero? Existen múltiples versiones al respecto de cómo se divide. Lo cierto, es que este tráfico de personas es orquestado y dirigido desde la cárcel, a través de dos delincuentes que la Policía los identifica como alias ‘Peche’ de Los Choneros y alias ‘Pepito’ de Los Lobos. Ahora bien, como el negocio es redondo y hay que repartir importantes sumas para que quienes deseen pasar vayan y vengan sin problemas de ninguna índole, tener a dos bandas ocupando un mismo espacio es considerado demasiado y por eso se ha desatado una nueva guerra en la frontera, entre pasadores de personas de ambas bandas. En lo que va del año, van 19 muertes violentas relacionadas a esta problemática. De estos 19 fallecidos, tres son venezolanos.

La Policía considera necesario abrir la frontera para que el paso de personas sea legal, y no clandestino, porque en la clandestinidad se esconde la ilegalidad y, sobre todo, esta disputa territorial sangrienta. En manos de las autoridades está una decisión final al respecto.