OPINIóN

Editorial: Reactivación



¡Objetivo cumplido! Ecuador alcanzó los 9 millones de vacunados en los 100 primeros días del gobierno de Guillermo Lasso. Sin lugar a dudas, el mérito del régimen tiene en su ministra de Salud como principal artífice de este logro. La consecución del objetivo denota que hubo una adecuada planificación con anticipación, con prioridades claramente definidas, y con la apertura necesaria para involucrar a la mayor cantidad de sectores posibles. Sin embargo, es momento de voltear la página y apuntar ese mismo esfuerzo, con similar energía, a buscar otras soluciones, tan necesarias y urgentes como la vacunación, para buscar el beneficio de la mayoría de ecuatorianos. Por ejemplo, las reformas laborales y económicas.

El presidente, Guillermo Lasso, dio un par de luces al respecto. La primera: la puesta en marcha de un nuevo Código del Trabajo. Según sus cifras, solo tres de cada diez ecuatorianos tienen empleo pleno con la normativa vigente. Una reforma no tiraría al traste la antigua Ley, sino que la complementaría, es decir, el país tendrá dos Códigos del Trabajo: uno para los que ya tienen empleo y otro para quienes esperan tener empleo. El ministro de Trabajo, Patricio Donoso, dio un primer aviso: evitar que quienes han quebrado en sus trabajos paguen indemnizaciones a sus empleados. Lasso dijo que también establecerán las protecciones necesarias en la Ley para quienes pretendan pasarse de listos: entiéndase, pasar a su rol de trabajadores de un código a otro, quebrar sus empresas ficticiamente para evitar pagar indemnizaciones, etc.

La propuesta es ambiciosa. Facilitaría, sobre todo a las micro, pequeñas y medianas empresas a contratar para crecer, establecerse en el mercado y fortalecer la economía local. Con más personas empleadas, habrá la posibilidad de que los ingresos familiares mejoren. No obstante, esperamos que el Ministerio sea riguroso con el cuidado y respeto a las conquistas laborales históricas ganadas. El objetivo merece todo el apoyo posible, pero el régimen debe dejarse ayudar con una comunicación adecuada, que llegue de forma correcta a la colectividad y evitar reacciones conflictivas, al contrario, que tengan el visto bueno de la sociedad civil e incluso, la aprobación de la Ley en la Asamblea Nacional.