INTERNACIONAL

11 de septiembre: el día que cambió la forma de viajar para siempre


En esta foto de archivo tomada el 11 de septiembre de 2001, un avión comercial secuestrado se acerca a las torres gemelas del World Trade Center poco antes de estrellarse contra el emblemático rascacielos de Nueva York. Los atentados cambiaron por completo la forma de viajar en todo el mundo. © AFP

NUEVA YORK.- Antes de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 viajar en avión en Estados Unidos y en el mundo era mucho más fácil.  No se necesitaba identificación para pasar por seguridad en los aeropuertos, nadie se quitaba los zapatos, tampoco se separaban los objetos electrónicos y se podían llevar líquidos en el equipaje de mano.

La seguridad en las terminales aéreas estaba a cargo de contratistas privados con poco entrenamiento reclutado por las aerolíneas. No todo el equipaje de carga era revisado y las personas apenas pasaban por detectores de metales. Las familias acompañaban a los viajeros hasta la puerta de embarque y una vez en el avión, entrar a la cabina era común para que los niños y las familias se tomaran fotos con el piloto y la tripulación.

Todo esto cambió tras el 11-S y los pilotos tuvieron que encerrarse detrás de puertas blindadas con armas de fuego para defenderse de potenciales secuestradores de aviones como los que llevaron a cabo los ataques más letales en Estados Unidos.

Esa mañana, 19 militantes asociados al grupo terrorista islámico Al-Qaeda, originarios de Arabia Saudita en su mayoría, secuestraron cuatro aviones.

El primero fue el vuelo 11 de American Airlines que golpeó la torre norte del World Trade Center en Nueva York a las 8:46 a.m. hora local.

El segundo fue el vuelo 175 de United Airlines que también salió de Boston y estrelló la torre sur 17 minutos después.

El tercer avión secuestrado fue el 77 de American Airlines que salió del aeropuerto internacional de Dulles en Washington y estrelló el lado sudoeste del Pentágono, sede del Departamento de Defensa de Estados Unidos. 

El cuarto, vuelo 93 de United Airlines, salió de Newark, New Jersey y se estrelló cerca de Shanksville, Pensilvania. Casi 3.000 personas murieron, incluidas 265 a bordo de los cuatro aviones. 

"El hecho de que hayan orquestado el ataque con tres vuelos diferentes en tres lugares diferentes dejó en claro lo vulnerable que era Estados Unidos. Fue una verdadera bofetada. Nos recordó lo ingenuos que habíamos sido", dijo a 'CNN' Sean O'Keefe, profesor de la Universidad de Syracuse y exdirectivo de Airbus.

 

Volar en Estados Unidos y en el mundo cambió para siempre y a partir del 14 de septiembre, cuando la aviación comercial reinició en Estados Unidos, se distribuyeron hombres de la guardia nacional en los aeropuertos y los viajeros tuvieron que esperar largas filas mientras se adoptaban las nuevas medidas y sistemas de seguridad.

 

¿CÓMO CAMBIÓ LA SEGURIDAD EN LOS AEROPUERTOS DE ESTADOS UNIDOS?

El 19 de noviembre de 2001 el Congreso aprobó la Ley de Seguridad de Aviación y de Transporte, creando así la Administración de Seguridad de Transporte (TSA). Esta agencia hace ahora parte del Departamento de Seguridad Nacional (Homeland Security) que fue creado un año después (2002) y se encarga de supervisar la seguridad en más de 400 aeropuertos del país, entre otras funciones.

El Aeropuerto Internacional Marshall de Baltimore-Washington fue el primero en tener un punto de seguridad administrado por la TSA en 2002 y marcó el inicio de casi dos décadas de procedimientos de seguridad que fueron evolucionando a medida que surgían nuevas amenazas.

En diciembre de 2001, apenas unos meses después del 11-S, el inglés Richard Reid, conocido como el “Shoe bomber”, escondió explosivos en sus zapatos y trató de detonarlos en la cabina del avión de American Airlines que viajaba de París a Miami. El accidente fue evitado por una auxiliar de vuelo y eventualmente llevó a que millones de viajeros en el mundo tuvieran que quitarse los zapatos y pasarlos por el escáner antes de montarse al avión.

Para fines de 2002, la Administración de Seguridad y Transporte de Estados Unidos logró el mandato clave de la ley creada después de los atentados, desplegando en todos los aeropuertos del país sistemas de detección de explosivos.

En el 2006, después de que la Policía británica descubriera un plan para detonar líquidos explosivos y tratar de derrumbar al menos siete aviones que viajaban de Inglaterra a Canadá y Estados Unidos, oficiales de la TSA prohibieron a los pasajeros llevar líquidos, geles y aerosoles en el equipaje de mano. Meses después relajarían la medida a envases menores a 100 mililitros transportados en bolsas plásticas transparentes. 

Tres años después, el 25 de diciembre de 2009, Umar Farouk Abdulmutallab, un nigeriano entrenado en Yemen por Al-Qaeda trató de esconder explosivos en su ropa interior en un vuelo de Amsterdam a Detroit. En 2012 fue sentenciado a cadena perpetua en Estados Unidos y hoy se le conoce como ‘el bombardero de los calzoncillos’.

A partir del 2017 y tras los atentados frustrados desde Australia y Yemen usando objetos electrónicos y cartuchos de impresoras como explosivos, la TSA obligó a todas las personas a pasar por rayos X los objetos electrónicos más grandes que un celular.