OPINIóN

Aulas hospitalarias


Rosalía Arteaga Serrano

Las situaciones dolorosas que traen los quebrantos en la salud, las enfermedades catastróficas que obligan a períodos largos o continuados en las casas de salud, en los hospitales, especialmente para niños y adolescentes en edad escolar, se ven agravados por la imposibilidad de continuar sus estudios, por los atrasos constantes, por la falta de los equipos adecuados, entre otros.

Por ello son tan importantes las iniciativas de las denominadas “aulas hospitalarias”, que proveen a los estudiantes de la posibilidad de continuar con sus estudios a través de la presencia de los profesores en los hospitales y casas de salud, proporcionando a los niños y jóvenes la facilidad de que la escuela vaya a sus espacios y les proporcione la facilidad de atender a las clases, de sentirse participantes y activos, de ocupar sus mentes con otros temas que no sean enfermedades y tratamientos.

El trabajo que hacen los maestros es fantástico, son verdaderos apóstoles que conviven con el dolor de sus alumnos y que les brindan atención, conocimientos, esperanzas, que les transportan a la “normalidad” de la vida escolar y les llevan hacia otros mundos que les sirven de escape a las situaciones personales que viven, permitiendo además que sean varios los que comparten esas aulas.

Durante buena parte de la pandemia, estas aulas se suspendieron. La noticia alentadora es que paulatinamente van regresando los maestros a impartir esas clases en los hospitales y hay entusiasmo entre los estudiantes y sus padres.

Aspiramos a que se retorne a las clases presenciales tanto en las escuelas y colegios, como también en las aulas hospitalarias. La pérdida es muy grande y se puede volver en irrecuperable si es que no construimos una mejor normalidad, teniendo como espacio central a la escuela.