OPINIóN

Editorial: Tragedia



La tragedia de Zaruma se reduce a cuestionar la minería ilegal y todo lo que ello implica. Esta problemática ha hecho que la Ciudad Patrimonio hoy parezca un auténtico campo de guerra. El horado, que cada día se hace más grande, es tan profundo como la real dimensión de las causas del deterioro de la Sultana de El Oro. La minería ilegal y los denominados “sableros” no son el único inconveniente en este cantón. Lamentablemente, la actividad ilícita ha dado paso a otras irregularidades que han sido detectadas, denunciadas, pero no han sido frenadas.

La minería ilegal no solo se reduce a los sableros, sino, a las autoridades de control que no han atinado a frenar su avance; más bien, han hecho de esta actividad ilícita un modus vivendi. Lo propio para las familias que permiten que se realicen estas actividades extractivistas desde sus domicilios. Alcaldes y concejales que no han atinado a regular el uso del suelo en esta ciudad. Policías y militares que no han cumplido con la militarización de la zona de exclusión, tal como lo anunciaron las autoridades. El compendio de hechos, de responsabilidades incumplidas y de consecuencias pasa la factura a distintos entes, a más de un centenar de personas, y que poco o nada han hecho para que esta realidad cambie.

Zaruma, una de las ciudades más apetecidas por los turistas, ve destruido su principal atractivo: el casco patrimonial. Y en paralelo, observa cómo se cae a pedazos el sueño de tener masivas visitas de ciudadanos nacionales y extranjeros. El presidente Guillermo Lasso anunció soluciones definitivas. Esperemos que en esta ocasión se cumpla y no sea como aquellas ofertas populistas que solo buscan calmar ánimos. Entre tanto, continúa la angustia entre quienes ven cómo se desplomó aquello por lo que han trabajado toda su vida: su casa. De hecho, la cotidianidad del zarumeño cambió por completo. Hoy está en el centro del país, pues medios de comunicación de toda la nación han llegado hasta este lugar para informar sobre lo que acontece en este lugar. Incluso en el mundo. Con tristeza observamos cómo la cadena BBC de Londres decía, y con razón, que el subsuelo de esta jurisdicción estaba convertido en un auténtico queso gruyere. El presidente Lasso tiene la oportunidad histórica de cambiar esta realidad.