OPINIóN

Editorial: Ómicron



Las falencias del sistema de salud pública en el Ecuador son más visibles con esta pandemia del COVID-19. No tenemos en nuestra nación la cantidad de reactivos suficientes para los testeos masivos que permitan determinar con precisión la magnitud de la ola de contagios de coronavirus por la que atravesamos. Esa falta de testeos se suma la falta de un laboratorio con la complejidad necesaria para determinar con rapidez cuántos contagiados con la nueva variante hay en este país. Por eso es que el Ministerio de Salud ha atinado a decir que hay dos. Y, además, son personas contagiadas en distintos escenarios. Por tanto, se desconoce a cuántos más contagiaron estos dos ciudadanos enfermos.

Si bien es cierto, no hay evidencia científica de que esta variante sea más peligrosa que las anteriores, o más letal, también es real que la principal preocupación es que, en ambos casos confirmados de ómicron, los infectados tenían el esquema de vacunación completo. Incluso, la ciudadana guayaquileña contaba con la tercera dosis aplicada.

Faltan estudios, falta la secuenciación adecuada, y también falta, sobre todo, disciplina ciudadana. Lamentablemente, esas incivilidades en todo el planeta son las que nos han llevado a este punto, en el que, a las vísperas de una nueva Navidad, estemos en incertidumbre de saber si nos vuelven a encerrar o no.

Las dudas alrededor de la eficacia de las vacunas crecen entre los escépticos, y con ello, crece la desconfianza y eso, lejos de reducir el problema lo aumenta, pues probablemente, habrá más personas sin inocularse en el planeta, y en ese sentido, será difícil alcanzar la ansiada inmunidad de rebaño, algo que parecía cerca, pero de pronto, se torna inalcanzable.

Con vacunas o sin vacunas, los ciudadanos deben usar la mascarilla, el lavado constante de manos y el distanciamiento social, medidas básicas para evitar ser contagiados con COVID-19, especialmente con esta nueva variante denominada ómicron. Ojalá y no aparezcan más variantes, y más bien, logremos detener a este virus que ha dejado dolor a su paso por este planeta. A su vez, es el momento ideal que nuestros gobernantes tomen decisiones firmes en torno a la vacunación y también, que las potencias destinen dosis suficientes a las naciones subdesarrolladas. Solo así podremos aspirar a salir adelante.