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Al menos nueve delitos están vinculados a la actividad minera ilegal en Zaruma ¡No todo lo que brilla es oro!


Esta es una denominada bocamina, uno de los tantos ingresos clandestinos, que les permite a los sableros internarse al interior de las minas. En las entrañas del subsuelo zarumeño se ejecutan las actividades mineras ilícitas. La barra tiene uno promedio de 1500 a 1800 gramos un oro sobre el 95 % de pureza en el mercado puede costar sobre los 60.000.

Jorge Largo Loayza

Especial para Diario CORREO

Un poco temeroso, mirando las redes sociales de lo acontecido en Zaruma, “Alex” -nombre protegido-, se dedicó hasta hace dos años a la minería ilegal, confirmado que algunas autoridades y mineros “legales” conviven con los sableros, porque les reportan ganancias mediante la entrega de sobornos o porcentajes del botín.

Además, que guarda silencio, indica que grupos delincuenciales desde el 2020 y el cierre de Buenos Aires en Ibarra, luchan por conseguir el dominio de las minas, enfrentándose con altos niveles de violencia y muerte. Su vida está expuesta no solo porque hacen vida dentro de las minas, también deben someterse a las reglas de quienes controlan con mano dura cada paso que se da dentro de una mina.

Tras el cierre de algunas labores mineras en el 2017, cuando detectaron un socavón en la escuela La Inmaculada Fe y Alegría, varios mineros sufrieron pérdidas económicas, que los llevó a la quiebra. Alex y sus socios debieron colapsar su labor minera, según los informes ellos habrían estado cerca de la zona de exclusión minera de ese entonces. Sin embargo, la ley no fue para todos indica y muchos sableros ingresaban, incluso a la labor que ellos trabajaron por años. En el 2019, asediado por las deudas y problemas financieros, decide convertirse en minero ilegal.

Con ropa de trabajo y una mochila que llevaba puesta, en ese entonces, se metió en uno de los hoyos que han abierto en el suelo de Zaruma para sacar material aurífero. No tenía nada que le protegiera los ojos, la nariz o las manos, pero al interior martillaba o utilizaba herramientas autónomas, para picar las paredes de roca y recoger lo que se iba desprendiendo para guardarlo en un saco que traía consigo.

Cuenta que llenan sacos de promedio 70 a 80 libras de roca mineralizada, caminan varios kilómetros en condiciones complejas, grandes túneles. otros estrechos y en situaciones de riesgo, reúnen alrededor de 30 a 50 bultos, que luego son llevados a molinos en los que se extrae promedio más de 1.500 gramos de oro, con una ley alta de pureza según los entendidos y que posteriormente pasa de mano en mano hasta ser comercializado en valores que ascienden los 60 mil dólares.

Alex es solo uno entre cientos de personas que a diario se metían a hoyos superficiales de 5 metros de diámetro y se internan 1000 y hasta más de 1800 metros bajo tierra, por chimeneas o rebajes en las denominadas galerías horizontales, para sacar las piedras de túneles que van desde los 4 metros hasta 18 metros de altura.

Los habitantes Zaruma, o de influencia minera prefieren no hablar abiertamente sobre lo que ocurre porque temen por sus vidas, pero fuera de los micrófonos o las grabadoras se sabe que lo que pasa es que están en medio de una guerra por el dominio de las zonas mineras. Hay una estructura delincuencial que se dedica a controlar el negocio de la explotación ilegal del oro, cobra ¨vacunas¨ dice Alex, decide quién entra y sale en cada una de las minas, quién y cómo se trabaja, a dónde se lleva lo que produce, cuánto se vende, a qué precio, con quién se puede hablar, quién puede vivir. Todo impuesto con sangre y fuego.

Alex, sin dar muchos detalles, comenta que conoce de un hombre, de unos cincuenta y cinco años, es el encargado de permitir el ingreso una mina ubicada en uno de los sectores de Zaruma. El conoce todo el recorrido por la carretera polvorienta y llena de baches que conduce al punto, el te hace el ¨enganche¨ para que ingreses a la mina. Además, te contacta con gente de logística cuya tarea es garantizar que no falte nada, ellos viajan diariamente, para abastecerse de provisiones, alimentos e insumos como: pólvora, mecha lenta, brocas y herramientas manuales, incluso por un valor te activan el ¨pulmón¨ un sistema que garantiza aire al interior mina, que de seguro está en alguna vivienda cercana, dice.

Tengo 40 años como minero y he sido testigo de todo este desastre. Antes trabajamos por nuestra cuenta de forma artesanal y para nosotros, nunca buscamos hacer daño. Ahora somos el sustento de los mismos que nos molestan y lo digo con propiedad: El ¨duro¨ no trabaja la mina, solo llega se apodera de un terreno donde hay gente que sí sabe trabajar la mina, explica Alex.

El gobierno lo que ha hecho es criminalizarnos. Este oficio tiene más muchos siglos en la zona y no se había creado un impacto tan grande como con la minería actual. Las autoridades bien gracias, mientras ellos reciban su coima, las bandas y mafias hacen y deshacen a su antojo debajo de Zaruma, reclama.

Lamentablemente estamos sosteniendo a 2 grupos, uno por criminalizarnos y el otro por cobrarnos vacuna de hasta 20% para dejarnos trabajar tierras que son nuestras y además imponernos condiciones para poder hacerlo y así llevar el sustento a la mesa de nuestras casas.

ATRAÍDOS POR EL BRILLO

El auge de la minería ilegal, aunado a la crisis económica, no solo ha atraído a los ecuatorianos, también ha llamado la atención de cientos de foráneos que diariamente buscan internarse en las profundidades donde el oro abunda.

José es uno de esas personas que optó por darle un giro a su vida con la intención de obtener dinero que le permita alimentar a su familia. Es del estado de Lara, Venezuela y a comienzos de febrero decidió abandonar su ciudad natal para internarse en las minas.

“Me costó muchísimo tomar la decisión, pero el dinero no alcanzaba. Yo trabajaba en una fábrica y lo que cobraba se me iba el mismo día y no alcanzaba. Un amigo ya había hecho esto y me habló claro de lo bueno y lo malo (…) lo pensé por una semana y decidí hacerlo.”, relata el joven de 33 años de edad mientras toma sus manos en tono nervioso.

DESTRUCCIÓN

La consecuencia más atroz de la transformación que ha sufrido Zaruma es la que se evidencia en su zona patrimonial. El auge de la minería ilegal en la ciudad ha arrasado con sectores de interés mundial, pues las áreas que se explotan forman parte del casco urbano, donde se asientan viviendas con un valor patrimonial incalculable.

También existen estragos ambientales, que no solo incluyen la destrucción del patrimonio sino también la contaminación del suelo, aire y agua, golpeando aún más a uno de los destinos más cautivadores en Ecuador.

Los sableros han causado daño. El paisaje es digno de una película triste: enormes socavones, en terrenos existen montículos de piedras y canales envenenados por todas partes. Basura (harapos, bolsas de plástico, recipientes para comida) entre las ramas recién cortadas que estaban apiladas y sirven para ocultar el desastre.

El patrimonio y la identidad cultural están unidos y este vínculo, sin duda, ha sido evidente a lo largo de la historia de las sociedades. Lo que conservamos, protegemos y gestionamos, lo que nos identifica y nos pone en relación, sienta la base cultural sobre la que se sustenta una comunidad.

Alex, sostiene que nunca trabajaron bajo el casco urbano de Zaruma, y fueron otros que acabaron con la ciudad incluido autoridades, fuerzas del orden, ciudadanos de casas aledañas en confabulación con los sableros, quienes han destruido su identidad y que se siguen cometiendo atentados que ponen de manifiesto la vulnerabilidad del patrimonio y de la sociedad.

El Estado, debe colapsar todos los ingresos clandestinos y sancionar a los responsables, pero que la ley sea para todos, no como el 2017, que exigieron a unos y otros continuaron trabajando, expresa.

La gente se ha transformado, el oro nos ha desunido, de nada ha servido hurgar buscando unos gramos de oro. No hay que sentir temor ante la idea de un cierra de la minería del oro. Es el paso necesario para enfrentar una situación que se ha vuelto tan dramática, comenta Alex, en tono preocupado.

Las respuestas deben ser radicales, en tanto el daño ambiental y los impactos sociales se siguen sumando, y son cada vez más graves. Estos problemas ya no se pueden solucionar con nuevas tecnologías mineras, con responsabilidad social empresarial o algún nuevo tipo de política pública, ya que la explotación aurífera marcha a ritmo de vértigo.