OPINIóN

Editorial: Cambios forzosos


La pandemia del COVID-19 impuso nuevos hábitos, desde el saludo hasta la forma en la cual desenvolverse en espacios cerrados.

La pandemia del COVID-19 impuso nuevos hábitos, desde el saludo hasta la forma en la cual desenvolverse en espacios cerrados. La prevalencia de productos desechables en restaurantes y bares es otro aspecto que marca la presencia del virus del SARS-CoV-2. En ese sentido, los propietarios de bares y discotecas hoy se oponen a que los conminen a cerrar sus establecimientos otra vez, ante la aparición y propagación de la variante ómicron. Dicen que deben trabajar para llevar el sustento a su hogar y están en lo correcto, no obstante, a costa de eso no se puede poner en riesgo la salud de la ciudadanía en general. Los dueños de bares y discotecas han tenido dos años para repensar su idea de negocio. Claro, ellos dicen que ningún otro producto les da mayor utilidad y rentabilidad que la venta de cerveza. Pero por esa aspiración económica, no podemos arriesgar a toda una población a una vorágine de contagios.

Por todos es conocido que mayor riesgo de contagiarse existe en los espacios cerrados. Ahora, con esta nueva variante que ha aparecido, parece que habrá un mayor tiempo de espera hasta que pase la ola de contagios. Los dueños de bares, discotecas y demás centros de diversión, han tenido dos años para repensar las ideas de negocio de sus establecimientos, o cambiar el concepto. En ese sentido, en el caso de bares y discotecas, ¿no sería mejor adaptarlos a espacios al aire libre? Eso ya lo han hecho en otras naciones y ha dado resultados. Entonces, adaptar sus establecimientos al aire libre, podría ser una acción clave para que no dejen de generar recursos con la seguridad de que el riesgo de contagiarse en su local es mucho menor al que existía con establecimientos cerrados.

Este sector debe ser propositivo, debe plantear opciones a las autoridades para que viabilicen su reapertura, pero no ponerse en un plano de que si no les autorizan, entonces funcionarán desde la clandestinidad. Han tenido dos años para repensar su modelo de negocio, que sea vanguardista y vaya acorde con la exigencia de un planeta infectado por el COVID-19. Pero nunca es tarde y lo mejor será ponerse a trabajar.