OPINIóN

Editorial: Pirotecnia


En este fin de año, la venta de pirotecnia es una de las actividades más recurrentes, al menos entre quienes no tienen un empleo formal y necesitan algún tipo de actividad económica para generar ingresos para sus hogares.

En este fin de año, la venta de pirotecnia es una de las actividades más recurrentes, al menos entre quienes no tienen un empleo formal y necesitan algún tipo de actividad económica para generar ingresos para sus hogares. Vender pirotecnia no es malo. Al contrario, es un interesante oficio que permite llegar con estos explosivos a las familias, a fin de disfrutar de las festividades y recibir el año nuevo con colorido, alegría y seguridad. Lo malo es que hay quienes aún se esmeran por comercializar los explosivos artesanales, bajo el argumento de que ese es el que pide la ciudadanía.

Es momento de culturizarnos y evolucionar como sociedad todos. Ese proceso evolutivo implica el respeto a las disposiciones emitidas desde las autoridades e instituciones pertinentes. Si no hay oferta, es imposible que exista demanda. En pleno siglo XXI, es momento de olvidarnos de camaretas, tumbacasas y demás explosivos caseros que lo único que provocan es tragedia y dolor a las familias, pues son tan susceptibles e inflamables que el mínimo roce, o un almacenamiento inadecuado, puede generar que estalle.

Esta semana, en la cancha de Audaz Octubrino fueron colocados los comerciantes que se dedican a esta actividad. Allí se suscitó un incidente: un niño manipuló pirotecnia en ese lugar y ocasionó un pequeño flagelo que redujo a cenizas uno de los locales habilitados. El hecho se registró pocas horas después de que las autoridades, sobre todo, las del Cuerpo de Bomberos, hayan ido al lugar a capacitar a los comerciantes y explicarles que no se podía encender ni un fósforo en ese lugar, pues es altamente inflamable. Sin embargo, pasó.

Evitemos desobedecer y también pensemos que podemos así pasar un fin de año y año nuevo tranquilos, sanos, y por supuesto, también haciendo pasar un buen momento a nuestras mascotas y a los niños con autismo, quienes sufren sobremanera estas fechas, pues su hipersensibilidad auditiva se ve atrofiada con las detonaciones. Además, pensemos en la seguridad de nuestros seres queridos. No queremos tragedias, más bien, esperamos tranquilidad, con un asueto extenso, pero saludable, reconfortable y feliz. Estas fiestas también sirven para refrendar nuestros buenos deseos hacia los demás, mirar en retrospectiva para repetir lo bueno, enmendar lo malo y desechar lo feo de nuestro año.