OPINIóN

Velocidad de contagios



El país entero afronta una nueva ola de contagios de COVID-19 que supera a cualquier otra ola precedente. Pero ese aumento de positividad, que bordea el 50 % de las muestras tomadas, genera más de una preocupación porque los centros de salud están saturados con pacientes con sintomatología respiratoria que pugna por hacerse una prueba a fin de detectar si tiene o no el coronavirus. Hace pocos días, observamos con tristeza cómo se golpeaban entre pacientes por un aparente irrespeto a la multitudinaria cola existente en uno de los subcentros machaleños.

La preocupación ante esta nueva ola es la incapacidad estatal de satisfacer la demanda. La semana que fenece ya observamos un primer síntoma: escasez de reactivos para las pruebas de antígenos mediante hisopado nasofaríngeo. Menos mal, no pasó a mayores, sobre todo, porque la mayoría de contagiados no revisten de mayor complejidad. No obstante, transcurrida una semana de enero, ya van cinco fallecidos a causa del coronavirus. ¿Qué significa esto? Siguen muriendo personas a causa del virus. Por tanto, no es dable, desde ningún concepto, relajarnos y mucho menos, si estamos contagiados, asumir de que, porque estamos con síntomas leves, no pasa nada. Al contrario, debemos tener extremos cuidados porque no sabemos en qué momento algo pueda ocurrir con un ser querido.

Por ahora, el régimen tomó la atinada decisión de aplazar la presencialidad de las clases hasta recuperar el control sobre el virus. Los niños se han convertido en los principales transmisores del SARS-CoV-2, pues con ellos todos los entes de una familia tienen contacto directo con besos, abrazos y demás muestras de afecto y cariño que, hoy, los tienen como los más contagiados, de acuerdo con cifras oficiales. Y que, además, cada niño, a su vez, contagia a los demás integrantes de una familia. Por eso, es necesario tomar con cautela esta fase de la pandemia. Puede ser la última, como ya lo ha advertido la OMS, pero también recordemos que ese organismo antes ya se ha equivocado. Más bien esperemos con calma y evitemos lamentar después las consecuencias de nuestros actos.