OPINIóN

Editorial: Precios altos



El Ecuador empezó a sentir con fuerza los efectos post pandemia en su economía, mediante el incremento indiscriminado de los productos de primera necesidad. El precio de los aceites comestibles es quizá el que más ha llamado la atención de los ecuatorianos. La guerra entre Rusia y Ucrania agudizó más una crisis que ya se avizoraba. Y es que esta cadena de suministros provenientes del exterior, hoy está limitada. Entonces se afecta la agricultura porque es escaso y caro el fertilizante para los cultivos, el aceite de girasol es producido por Ucrania y dada la guerra, se complicó aún más la posibilidad de que llegue en las cantidades necesarias al mundo. Por eso su aumento de precio. Si a esto le sumamos la peste que cayó sobre la palma de girasol, ocasiona este efecto en los precios. Pero no es solo el aceite, sino también sus derivados como el jabón, manteca, mantequilla, mayonesa, en definitiva, todo lo elaborado a base de aceite.

Es indudable que en medio de esta crisis hay que buscar soluciones, a fin de afectar lo menos posible a la ciudadanía, que es quien principalmente siente las consecuencias de que productos de primera necesidad, de forma repentina, dupliquen sus precios. Y aquí, entonces, ¿corresponde una intervención directa del Estado? Es decir, ¿Es justo volver a un modelo paternalista de subsidios que alivia el bolsillo ciudadano, pero genera un gasto oneroso al Estado? Quizá y las circunstancias lo ameritan, aunque lo ideal sería buscar alternativas para reemplazar el aceite de girasol y sus derivados. A su vez, enfatizar acuerdos comerciales con otras naciones, con el objetivo de obtener productos a menor precio, libres de aranceles, que permitan ser de fácil acceso a los ciudadanos.

Paralelamente, lo que el Estado puede y debe hacer es volver su mirada al agro, a fin de potenciarlo como corresponde, para que el país, productor por antonomasia, sea uno de los que alimente al mundo, pero para ello, se requiere que el productor sea eficiente, y el Estado lo acompañe. Pero todo esto es a largo plazo. Lo urgente demanda acciones inmediatas que todavía ni siquiera se sabe si habría. Lo peor es que la guerra europea parece estar lejos de finalizar y, entonces, las consecuencias podrían ser mayores. ¿Estamos preparados para afrontarlas?