OPINIóN

Editorial: 154 asambleístas


El número de asambleístas se incrementa para el próximo periodo de 137 a 154, de acuerdo con la proyección por el número de habitantes.

El número de asambleístas se incrementa para el próximo periodo de 137 a 154, de acuerdo con la proyección por el número de habitantes, según el reporte del Instituto Nacional de Estadística y Censos, INEC, en concordancia con lo que dispone la Constitución de que sean dos legisladores por provincia más uno por cada 200.000 habitantes.

¿Para qué tantos legisladores? Es indudable que lo que dispone la norma amerita una modificación. Hoy, el país, más bien exige menos cantidad de asambleístas, pues no se sienten representados por tantos burócratas, cuya credibilidad ha ido en caída libre, en especial, luego de revelarse la cadena de supuestos repartos de cargos públicos, instituciones y demás, a cambio de votos en beneficio del Ejecutivo. Eso fue escandaloso en la administración anterior, y hoy está en entredicho. Por ejemplo, recordemos que el hermano del vicepresidente de la Asamblea Nacional hoy es vocal de la Junta Provincial de El Oro. ¿Cómo probar si en efecto hay un supuesto tráfico de influencias en este caso específico? Por eso, el vocal en mención no tiene impedimento legal alguno para posesionarse. Ahí existe un vacío legal que bien podría ser corregido a futuro. En derecho público, lo que no está escrito, no existe.

En ese mismo sentido, es urgente y necesario establecer mejores y mayores tamices a la hora de proponer aspirantes a un cargo de elección popular. Primero, delimitar cuántos burócratas realmente son necesarios en la función pública. A partir de allí, establecer parámetros puntuales que vayan más allá de que sean famosos, conocidos o populares. Hoy vemos, por ejemplo, que para concejales están personajes populares en cada jurisdicción encabezando las respectivas listas. ¿Sabrán acaso realmente cuáles son sus competencias? Nadie quiere que ocurra, por ejemplo, lo que ahora viven distintas ciudades del Ecuador, con ediles levantamanos que aprueban todo lo que se les propone, a cambio de viajes al exterior, comisiones que presiden, e incluso, delegaciones con jugosos viáticos.

La Asamblea Nacional del presente periodo tiene bochornosos índices de aceptación. Y es que la ciudadanía es sabia. ¿Hay alguna ley significativa? Ninguna. Solo buscan acaparar todos los poderes a partir de la aplanadora conformada en la legislatura. Eso no quieren los ecuatorianos. Entonces, como electores, hay que evitarlo, pero también la clase política tiene el reto histórico de reducir el número de asambleístas, a partir de una reforma constitucional.