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Nostalgia


Dr. Darwin Echeverría Plaza

La lectura, don maravilloso que era nuestra guarida, nuestra aliada y nuestra mejor diversión cuando no teníamos ni televisor.

Leyendo aprendimos a discernir, a pensar y también a actuar.

La lectura nos da la oportunidad de escribir, corregir y mejorar nuestra historia cada día.

Si siguiéramos leyendo, nuestra vida sería diferente, tendríamos libre albedrío para pensar las cosas y hacerlas bien. Discerniríamos cada párrafo de nuestra existencia para llevar una vida mejor. Actuaríamos con más sapiencia, humildad y riqueza de ideas, para escribir esta novela que se llama vida.

Seriamos libres, con pensamientos propios, con argumentos justificados y con acciones dignas de seres pensantes, ilustrados por la inteligencia de creer en un mañana lleno de todo lo bueno que aprendimos y deseamos siempre.

Pero llego la tecnología, que ha invadido nuestro mundo, que nos llenó de insensateces, de historias novelescas, de juegos superfluos, de la más pura vanidad y vagancia, de puras inutilidades, y poco a poco, nos olvidamos de leer.

Nos dejamos llevar por lo que nos dicen en una pantalla, sin siquiera analizar, si está bien o mal. O leemos un editorial que quizás nos está contando la verdad, pero que nuestros pobres conocimientos no nos permiten razonarlo, solo leerlo, si es que queremos, pero que no entendemos.

Así están creciendo nuestros hijos, nuestros nietos, entontados en una pantalla de celular que hasta la llegan a hacer hablar sin saber cómo, sin sentir cuánto.

Y cada vez todo va empeorando, no hay respeto para nadie, el maestro, en nuestros tiempos guía de enseñanza y aprendizaje es menospreciado por los alumnos y satanizado por los padres. Cada quien vive y hace lo que quiere y los libros sé llenan de polvo y telarañas en los estantes de bibliotecas, librerías y editoriales.

Que pasará con nuestro mundo, manejado por ignorantes iletrados solo con ansias de poder.

¿Tendremos una luz de esperanza algún día? ¿Volverán las escuelas y colegios a enseñarnos a leer?

La educación cada vez se denigra más. Los gobernantes no quieren que la gente se ilustre y aprenda a pensar. Quieren analfabetos para manejarlos a placer, y entonces sí, hacer lo que les venga en gana con nuestros pobres países.

Se necesita ser muy osado y sin conciencia, para arrastrar sin piedad a sus conciudadanos.

Quiero terminar, no despertando de un sueño, porque lo que les estoy diciendo es una realidad, sobre todo en los países de Latinoamérica. Quiero terminar expresando la pena que siento por las nuevas generaciones, que prefieren vivir de migajas entregadas por los gobiernos de turno, con el miserable nombre de “bonos”, en lugar de prepararse y luchar por la libertad que nos da una buena educación, la libertad que nos da el raciocinio al prepararnos adecuadamente, con un pensamiento propio que nadie nos puede quitar.