OPINIóN

La vida transcurre…


Mariana Roldós Aguilera

El tiempo no espera: hay un momento para trabajar; otro para descansar y dormir. Las horas de alimentación varían según las ocupaciones de cada quien.

Todos y todas debemos programar nuestro día para que no nos sorprenda el incumplimiento de una acción; el descanso entre labor y labor es necesaria.

Las ocupaciones sea de hogar, trabajo y entretenimiento… son diferentes según las edades de cada ser humano y de las obligaciones a que nos atenemos.

La gente dice que el tiempo “vuela” y que a veces es imposible cumplir todas las acciones programadas pero no es así: depende de uno.

La actividad humana incide en las labores cotidianas y para ello es fundamental la organización mediata e inmediata de lo que hay que hacer ya.

El ser humano debe de leer cotidianamente: hechos y circunstancia de hogar y laborales para que su existencia no tenga tropiezos, sea pronta y ágil.

Todos realizamos varios tipos de lectura que influyen en nuestro devenir día a día, lo que influye en nuestra forma de ser satisfactoriamente sin temor.

Es saludable que leamos el entorno porque contribuye a ser parte de él, respondiendo a los intereses de todos: una sociedad tiene varios propósitos elegibles.

Decimos que somos un conglomerado que labora por el bien común y por tanto, el quehacer es colectivo para lograr los fines propuestos a futuro.

Pensar por el bien común es hacer Patria: consecuentemente todo ciudadano debe prepararse para cumplir y hacer cumplir los derechos. Eso es vivir en sociedad.

Vivimos un siglo de cambio constante y coincidentemente debemos estar preparados para ello: tenemos derechos y consecuentemente deberes, unos y otros se compaginan sin duda.