OPINIóN

Ideologías: Instrumentos de control


Cristhian Reyes

A parte del moralismo y realismo hay otro tipo de pensamiento político que suele llamarse ideológico. Se sostiene que las ideas son propias de cada periodo histórico. Pues, las ideas de cada periodo político divergen porque difieren las instituciones, las practicas sociales, políticas, económicas, financieras, así como el significado de las ideas en el tiempo-espacio.

Platón y Aristóteles consideraban a la democracia como un sistema peligroso y corrupto, en tanto que la mayor parte del mundo moderno la ve como la mejor forma de gobierno. De la misma manera, hubo un tiempo en que se pensaba que la esclavitud era un estado natural que excluía a muchas personas de cualquier tipo de derecho; por otro lado, hasta el siglo XX, las mujeres no eran consideradas ciudadanas en la mayoría de países.

Las ideas van unidas a los intereses de las clases y grupos sociales. Fueron los intereses humanos, quienes dieron origen a los grandes “ismos” de la política ideológica, desde el comunismo y el socialismo hasta el conservadurismo y el fascismo. Los intereses humanos no son el único origen de la política ideológica: muchas ideas políticas recientes han surgido también a partir de la evolución interna misma del liberalismo, conservadurismo, socialismo o nacionalismo.

Nuestras ideas son solo el reflejo de los procesos históricos, seguramente las personas atrapadas en dichos procesos no representan más que un papel pasivo, y así la discusión y la deliberación racionales tienen poco valor. La lucha ideológica se parece mas a un partido de fútbol: es la pasión y no la razón la que nos hace apoyar a nuestro equipo, y a fin que cuentas lo único que importa es ganar. La preocupación es que la política ideológica derive en los peores excesos del realismo, el cual considera que los fines pueden justificar el uso de medios brutales e injustos. En conclusión, las ideologías son solo instrumentos académicos, políticos y económicos. Hacernos con una de ellas representaría vendar los ojos, oscurecer la mente y empujar el corazón al odio y a la división política. Somos parte del juego, sin saberlo.