OPINIóN

Editorial: Hernán Luque




Las contradicciones en las que cae el presidente, Guillermo Lasso, lo dejan mal parado ante la opinión pública. ¿Por qué su afán proteccionista con los corruptos? Como él mismo lo dijo en la entrevista concedida a Milton Pérez, el domingo anterior, quienes andan por los techos se delatan como corruptos. Para entrar en contexto, el primer mandatario fue inquirido sobre Hernán Luque, el exgerente de la empresa coordinadora de empresas públicas, EMCO, quien es señalado de supuestos actos de corrupción. El jefe de Estado lo separó del cargo en octubre del año anterior y nunca dio razones claras de por qué lo hizo, aunque ya hubo cuestionamientos y sospechas en torno a por qué había tomado esa decisión. En una entrevista anterior, cuando Carlos Vera le consultó sobre esa decisión, dijo que no conocía las razones de la renuncia de Luque, pero, después de reveladas las escuchas telefónicas en las que Luque y Cherres se ven involucrados, al igual que el cuñado del presidente Lasso, Danilo Carrera, resulta que sí sabe las razones: dijo que él pidió la renuncia porque desconfiaba de Luque, pues cometía torpezas. Lo calificó de torpe, en lugar de decirle corrupto. Aseguró que no tenía las pruebas necesarias para decirle corrupto.

Lamentablemente, el presidente Lasso continúa encubriendo, de una u otra forma, a los corruptos de su gobierno. Justifica la presencia de su cuñado, Danilo Carrera, en un viaje a Washington, junto con la delegación oficial. También afirma que iniciará una investigación profundo para traer a Luque y Cherres “del cogote”, sin embargo, ese pedido se dio después de que ambos están prófugos.

La gestión pública del presidente Lasso, tiene profundas falencias y no puede solucionar problemas básicos de los ecuatorianos como la seguridad ciudadana, la generación de empleo, dotación de adecuados servicios de salud con medicina gratuita y atención de especialistas de forma oportuna; así como en educación con adecuada infraestructura y el número suficiente de docentes, al igual que el acceso a educación superior, también limitada por una falencia del sistema. Pero, además, ahora los ecuatorianos deben soportar que este gobierno también se vea involucrado en hechos de corrupción y eso no se puede tolerar.