EL GUABO.- Un día después de la emergencia, afectados junto a personal del Cuerpo de Bomberos retiraban los muebles que quedaron bajo el agua. En el polideportivo de Tendales, personal de la Cruz Roja realizó una evaluación inicial de las necesidades de los afectados tras el desbordamiento del río. Fotos de Jorge Sánchez
Ivette Coronel Ojeda
EL GUABO.- “En un cerrar de ojos se desbordó el río de la bananera y en un ratito se llenó. No avanzamos a sacar nada”, relató Libia Del Rosario, quien perdió gran parte de sus pertenencias tras la inundación de su vivienda en la parroquia Tendales, cantón El Guabo.
El agua llegó hasta el pecho y cubrió camas, colchones, ropa y electrodomésticos. La mujer lloró al ver los daños en la casa donde había vivido durante 35 años. Esta vez, la fuerza del río Chaguana la dejó sin buena parte de lo que consiguió con esfuerzo.
“Créalo que lloré ayer, lloré mucho, se me dañó todo”, recordó. Sin embargo, entre las pérdidas materiales, el que sus familiares estén con vida le da fuerzas para que pueda seguir adelante y recuperar lo que ha perdido.
Como Libia, otras 300 familias de Tendales enfrentan las consecuencias del desbordamiento del río. El agua ingresó con rapidez a las viviendas y dejó a sus habitantes sin tiempo para rescatar sus pertenencias. Ahora, mientras esperan que baje el nivel del río, buscan dónde dormir y cómo alimentarse.
EL AGUA ARRASÓ CON TODO
En la cooperativa 24 de Mayo, Inocenta Toral todavía no sabe cuándo podrá regresar a su casa. El agua permanece dentro de la vivienda, ubicada en la parte posterior de la guardería del sector, y ha dañado los colchones, las camas y el ventilador.
“Fue terrible, en las noticias las vimos cuando pasaba en otro lugar y ayer las vivimos en carne propia nosotros”, contó la mujer, quien se refugia en la casa comunal del sector.
La inundación alcanzó a las 90 familias de la cooperativa. Inocenta vive con su esposo y uno de sus hijos, mientras que, en una vivienda contigua, reside otra hija, madre soltera de dos niñas, de cuatro y dos años.
Su esposo permanece en la vivienda para cuidar las pocas cosas que todavía pueden rescatarse. Inocenta, en cambio, se encuentra en el albergue, con la esperanza de que la situación mejore.
Con el desbordamiento del río, su esposo, quien trabaja en una bananera del sector, prácticamente perdió el sustento con el cual llevaban el alimento a casa; ahora deberán esperar que el agua baje para retomar su actividad laboral.
CINCO FAMILIAS EN UNA CASA
La emergencia obligó a Inés Moreira a buscar refugio en la vivienda de su madre. Allí comparte el espacio con otras cuatro familias, en medio de la preocupación por los daños que dejó el agua en sus hogares.
“A mí se me está metiendo de nuevo el agua a mi casa”, relató. La ropa, los colchones y otras pertenencias quedaron empapados.
En la casa de su madre, que se encuentra en una parte más alta, los afectados intentan acomodarse como pueden. El espacio resulta insuficiente para todos, pero representa una alternativa ante la falta de espacio en los refugios de la parroquia.
La alimentación depende, por ahora, de la ayuda de su madre, quien prepara comida para los familiares que llegaron a refugiarse; y, la asistencia recibida hasta el momento ha sido limitada.
PREOCUPACIÓN EN FAMILIAS
Eva Guala recibió a su nieta y a otros familiares en su vivienda para protegerlos de la inundación. Sin embargo, el agua también amenaza con ingresar a su casa, por lo que teme quedarse sin un lugar donde refugiarse.
La vivienda de su nieta quedó anegada. Los colchones y las demás pertenencias terminaron debajo del agua, mientras que cinco personas, entre ellas menores de edad, una persona con discapacidad y una adulta, buscaron protección con Eva.
La mujer explicó que el nivel del agua había descendido parcialmente, pero luego volvió a subir con fuerza. El líquido ya alcanzaba la zona del baño de su vivienda y amenazaba con ingresar a los espacios habitables.
La preocupación aumenta porque no tienen otro lugar al cual acudir. La casa comunal del sector no cuenta con espacio para recibir a todas las familias afectadas y la vivienda de Eva también corre peligro.
“Eso, a ver cómo vamos, a ver dónde vamos a ir también”, expresó al referirse a lo que harían si el agua ingresaba por completo.
Desbordamiento del Río Chaguana:
300 familias afectadas.
12 familias en dos refugios temporales.
Casa comunal 24 de Mayo: 7 familias, 22 personas.
Refugio 10 de Agosto: 5 familias, 13 personas.
Grupos prioritarios: entre los albergados hay una persona con discapacidad, tres adultos mayores y dos niños menores de cinco años.
Otras familias permanecen en casas de familiares, vecinos y conocidos.
Fuente: Secretaría de Gestión de Riesgos, informe con corte al mediodía del martes 20 de octubre de 2026.
Criterios
Inocenta Toral: “Son cosas materiales, pero igual nos duele porque se hace sacrificio para tenerlas. Ahorita no se puede trabajar y es que tenemos que rogar a Dios que nos ayude. Con las ayudas que vengan, para podernos sostener, porque no podemos más hacer.”
Eva Guala: “En la casa de mi nieta, todo se le mojó, todo. Los colchones, todo está empapadito, todito está empapadito. Con temor de que el agua ingrese a las viviendas, si ha bajado, pero como ahora de nuevo el agua está viniendo está a punto ya de meterse a mi casa”
Inés Moreira: “Estamos en la casa de mi mamá, que es la casita alta, pero estamos hospedando a unas cinco familias. Queremos que nos ayuden con algo, porque bienvenido sea con cualquier cosita que nos ayude, a mi hijo se le mojó todita la mochila y los cuadernos.”