John Campuzano Vásquez
En Ecuador, como en muchos otros países, los relatos promovidos por algunas organizaciones políticas, sindicales, feministas, entre otras, suelen dominar la forma en que entendemos nuestra economía y sociedad. Sin embargo, estos relatos, por muy convincentes que sean o por más veces que se repitan en entrevistas, no siempre reflejan la realidad. Las experiencias individuales, aunque válidas, no son necesariamente representativas de toda la sociedad. Los casos aislados o sin respaldo estadístico carecen de la representatividad requerida para hablar en términos generales.
Un ejemplo claro es la percepción sobre el empleo y la desigualdad salarial de las mujeres. Con frecuencia escuchamos afirmaciones como “las mujeres ganan menos que los hombres” o “las mujeres trabajan más y ganan menos”. Este tipo de narrativa, que cala en la memoria colectiva, puede llevar a pensar que todas las empresas o empresarios abusan de las mujeres. No obstante, cuando contrastamos esta percepción con cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), el IESS y el Ministerio de Trabajo, vemos que en el sector público los salarios no distinguen entre géneros, y que, en el sector privado, muchas mujeres en cargos ejecutivos tienen salarios favorables y ocupan espacios de toma de decisiones.
Otro ejemplo se encuentra en el tema de la seguridad. Las redes sociales están llenas de testimonios y anécdotas sobre la delincuencia contra mujeres, generando un sentimiento de inseguridad en la población femenina, al punto de exigir más recursos para prevenir agresiones y delitos. Sin embargo, los datos indican que en la mayoría de los delitos, los hombres son los más afectados por la delincuencia, superando ampliamente cualquier cifra expuesta en los medios sobre mujeres víctimas.
Confiar en datos en lugar de relatos es fundamental para evitar decisiones políticas basadas en emociones o sesgos. Esta tarea es urgente en tiempos de escasez de recursos en Ecuador y de una crisis económica que avanza rápidamente. La responsabilidad recae en todos nosotros, incluyendo a los políticos y los medios de comunicación. Por ello, es necesario promover una cultura de análisis fundamentada en cifras, y no solo en historias. Hacerlo permitirá que la sociedad ecuatoriana forme opiniones informadas y objetivas, especialmente en épocas electorales.