OPINIóN

Editorial: Un socavón que se pudo evitar


El colapso de la vía Las Lajas – Puyango fue la crónica de un abandono institucional anunciado. Lo ocurrido este viernes, donde la tierra literalmente se tragó el asfalto y estuvo a punto de cobrar la vida de una ciudadana, es el resultado directo de la desidia del Ministerio de Infraestructura y Trasporte (MIT).

El colapso de la vía Las Lajas – Puyango fue la crónica de un abandono institucional anunciado. Lo ocurrido este viernes, donde la tierra literalmente se tragó el asfalto y estuvo a punto de cobrar la vida de una ciudadana, es el resultado directo de la desidia del Ministerio de Infraestructura y Trasporte (MIT).

Resulta indignante y, sobre todo, inaceptable conocer las declaraciones de las autoridades locales. Según la Prefectura de El Oro, el socavón que originó esta emergencia tenía al menos tres años de existencia. Durante mil días, el problema estuvo allí, a la vista de todos, creciendo con cada lluvia y debilitándose con cada vehículo que transitaba por la zona.

La respuesta del MIT ante una falla estructural de esta magnitud fue negligente. En lugar de una intervención técnica definitiva, la solución estatal consistió en colocar piedras a un costado del camino para evitar que los carros cayeran. Esa medida fue apenas una solución improvisada que no resolvía el problema estructural de la vía e ignoraba la erosión subterránea y el colapso inminente de la alcantarilla. No se puede pretender que un par de rocas detengan la fuerza de la naturaleza.

Hoy, las provincias de El Oro y Loja están incomunicadas por ese sector. El impacto económico y social para cantones como Puyango, Macará y Pindal es inmediato. Ahora el ministerio corre para construir variantes provisionales y solicita tuberías de emergencia a la Prefectura, tratando de resolver en un fin de semana lo que no fueron capaces de planificar en tres años.

El video de la mujer atrapada en el fondo del socavón debe servir como una alerta definitiva. La suerte y la solidaridad de los vecinos evitaron una tragedia mortal, pero la responsabilidad política y administrativa recae directamente sobre quienes, teniendo la competencia y los recursos, decidieron mirar hacia otro lado.

Las carreteras no se caen de un día para otro; se caen cuando el mantenimiento deja de interesar a los burócratas de turno. El MIT le debe una explicación —y una solución real— a Las Lajas y Puyango que ya no puede seguir circulando con el miedo de que otro socavón ahora sí cobre vidas.