OPINIóN

Manual del exportador de banano ecuatoriano


Cecilio Jalil

Aprovechando que nuestro presidente y sus funcionarios vinculados al sector agrícola conocen de cerca la actividad bananera, los invito a reflexionar sobre la realidad del exportador de banano ecuatoriano y las dificultades que debe superar para mantenerse en el negocio. En el país existen dos asociaciones de exportadores que cumplen un importante papel en los ámbitos social y técnico. En la parte comercial su presencia es limitada y, en muchos casos, se reduce a actividades de promoción junto con entidades como ProEcuador. El problema es mucho más profundo. Da la impresión de que nuestro comercio exterior termina cuando la fruta sale del puerto. Enviamos el producto y, de ahí en adelante, pareciera que solo nos queda encomendar el resultado a Dios y a la buena fe del importador. Existe un divorcio entre la promoción comercial y la conclusión efectiva del negocio. Y cuando hablo de concluir el negocio, me refiero al cumplimiento del contrato y al retorno íntegro de las divisas pactadas. Se ha vuelto una práctica recurrente que, en épocas de bajos precios, muchos importadores presenten reclamos por supuestos problemas de calidad, exigiendo descuentos elevados que, en la mayoría de los casos, no están respaldados por pruebas objetivas. El exportador termina aceptándolos porque esos valores ya fueron descontados unilateralmente en la liquidación y, en la práctica, no existe un mecanismo eficaz para defenderse. Al final, la razón casi siempre la tiene el comprador. Nuestras delegaciones diplomáticas y las oficinas de ProEcuador en los principales mercados deberían desempeñar un papel mucho más activo. No se trata únicamente de promover las exportaciones, sino también de respaldar a las empresas ecuatorianas cuando enfrentan abusos comerciales o incumplimientos contractuales. El gran perjudicado es el exportador. El productor ya recibió el pago de su fruta, amparado por la legislación ecuatoriana; el Estado también percibió sus impuestos, aunque el dinero de la venta nunca ingrese al país. Toda la carga económica recae sobre quien asumió el riesgo de la exportación. La mayoría de las negociaciones de banano ecuatoriano se realizan bajo la modalidad FOB (Free On Board). La responsabilidad comercial se transfiere cuando la mercancía es cargada a bordo del buque, no cuando llega al destino y mucho menos después de semanas de manipulación, almacenamiento y comercialización en los mercados mayoristas. Sin embargo, con frecuencia se pretende responsabilizar al exportador por situaciones ocurridas mucho tiempo después del embarque. Nuestros principales competidores cuentan con un respaldo institucional mucho más sólido. Sus exportadores saben que no están solos cuando surgen controversias comerciales. En Ecuador también es momento de entender que promover exportaciones implica, además de abrir mercados, proteger a quienes generan divisas, empleo y prestigio para el país. Tal vez ha llegado la hora de elaborar un verdadero Manual del Exportador Ecuatoriano, uno que no solo enseñe cómo vender al mundo, sino también cómo defender los derechos de quienes representan al Ecuador en los mercados internacionales.