OPINIóN

Los piques: Una tragedia anunciada que exige acción


Cada noche, mientras la mayoría de los ciudadanos busca tranquilidad y descanso, el paso lateral de Bella India, a la altura del distribuidor de tráfico de El Guabo, se transforma en una improvisada pista de carreras

Cada noche, mientras la mayoría de los ciudadanos busca tranquilidad y descanso, el paso lateral de Bella India, a la altura del distribuidor de tráfico de El Guabo, se transforma en una improvisada pista de carreras. Decenas de motocicletas y vehículos se concentran para protagonizar los llamados “piques”, una práctica ilegal que pone en riesgo no solo la vida de quienes participan, sino también la de conductores, peatones y moradores del sector.

Lo que para algunos representa una descarga de adrenalina o un espacio de entretenimiento, en realidad constituye una grave irresponsabilidad. Competir a altas velocidades en una vía pública es desafiar las normas de tránsito, ignorar el valor de la vida y convertir un espacio destinado a la movilidad en un escenario propicio para una tragedia. Basta un error, una falla mecánica o un peatón desprevenido para que el desenlace sea fatal.

Lo más preocupante es que estas concentraciones parecen haberse vuelto una costumbre. La presencia de numerosos espectadores y apostadores demuestra que el problema trasciende a unos cuantos conductores imprudentes. Existe una preocupante normalización de una actividad prohibida que, lejos de ser un espectáculo, representa una amenaza constante para la seguridad vial.

Las autoridades competentes no pueden permanecer indiferentes. Es indispensable fortalecer los operativos de control, sancionar con firmeza a quienes participan en estas carreras clandestinas y mantener una vigilancia permanente en los puntos donde se repiten estos eventos. De igual manera, resulta necesario impulsar campañas de concienciación dirigidas a los jóvenes sobre las consecuencias legales y humanas de estas conductas.

La prevención siempre será más efectiva que lamentar pérdidas irreparables. Esperar a que ocurra un accidente de grandes proporciones para actuar sería una muestra de negligencia institucional y social. La seguridad vial es una responsabilidad compartida que demanda el compromiso de autoridades y ciudadanía.

El paso lateral de Bella India no puede seguir siendo sinónimo de velocidad, apuestas e imprudencia. Debe volver a ser una vía segura para todos, antes de que el rugido de los motores sea reemplazado por el dolor de una tragedia que pudo evitarse.