OPINIóN

Editorial: El fuego vuelve a poner a prueba la prevención


El incendio forestal que afecta a la parroquia Guanazán, en Zaruma, vuelve a poner sobre la mesa un problema que cada año se repite: los incendios forestales no pueden ser atendidos únicamente cuando las llamas ya están fuera de contro

El incendio forestal que afecta a la parroquia Guanazán, en Zaruma, vuelve a poner sobre la mesa un problema que cada año se repite: los incendios forestales no pueden ser atendidos únicamente cuando las llamas ya están fuera de control. En esta emergencia, los bomberos y brigadistas han tenido que trabajar en una zona complicada, con pendientes y condiciones que dificultan el combate del fuego. Mientras tanto, cientos de hectáreas de vegetación han sido afectadas. Y aunque todavía corresponde determinar cómo se inició el incendio, lo ocurrido demuestra una vez más lo vulnerable que es nuestra vegetación durante esta época. El problema es que seguimos reaccionando cuando el incendio ya comenzó. Se movilizan bomberos, vehículos, personal especializado y todos los recursos disponibles. Ese trabajo es necesario y merece reconocimiento, pero también debería existir un esfuerzo mucho mayor antes de que aparezca la primera llama. Las quemas agrícolas, fogatas mal apagadas, basura encendida o cualquier manejo irresponsable del fuego pueden terminar provocando una emergencia de grandes proporciones. Y cuando el terreno está seco y el viento ayuda, controlar las llamas se vuelve mucho más difícil. Por eso, las campañas de prevención no pueden aparecer solamente cuando aumentan los incendios. Deben mantenerse durante todo el año y llegar a las comunidades rurales, donde existe un contacto permanente con zonas de vegetación. No basta con colocar mensajes en redes sociales. Hay que explicar, advertir y también establecer controles. Y si una investigación determina que un incendio fue provocado deliberadamente o por una conducta negligente, las autoridades deben actuar. La sanción también forma parte de la prevención. No puede ser que destruir decenas o cientos de hectáreas termine siendo visto simplemente como una emergencia más. El caso de Guanazán debería servir como una llamada de atención para El Oro y para el país. Los incendios forestales no solo consumen vegetación. También afectan la fauna, las fuentes de agua y el entorno de comunidades que luego deben convivir con las consecuencias. Los bomberos seguirán haciendo su parte mientras haya fuego. Pero la pregunta es qué estamos haciendo los demás para evitar que ese fuego empiece. Ahí es donde todavía queda mucho por hacer.