OPINIóN

Editorial: La verdad también ilumina


Ecuador atraviesa una nueva etapa de incertidumbre energética. Los cortes de electricidad alteran la vida cotidiana, paralizan actividades productivas, afectan a estudiantes, comerciantes y familias, y profundizan la sensación de vulnerabilidad

Ecuador atraviesa una nueva etapa de incertidumbre energética. Los cortes de electricidad alteran la vida cotidiana, paralizan actividades productivas, afectan a estudiantes, comerciantes y familias, y profundizan la sensación de vulnerabilidad. Sin embargo, además de la falta de energía, existe otro problema que no puede ignorarse: la falta de información clara, completa y oportuna.

Un Gobierno puede enfrentar una crisis energética; lo que no puede permitirse es administrarla mediante mensajes contradictorios. La ciudadanía tiene derecho a conocer las causas reales de los apagones, el estado de las centrales, la disponibilidad de combustibles, las condiciones de las redes y las medidas adoptadas para evitar que el problema se repita. Ocultar datos, minimizar la situación o anunciar soluciones que no se cumplen solo aumenta la desconfianza.

Hablar con la verdad no significa sembrar alarma. Significa explicar con responsabilidad. Si los cortes obedecen a una sequía, debe informarse con precisión cuánto han disminuido los embalses y qué escenarios se prevén. Si existen fallas de mantenimiento, decisiones tardías o problemas de planificación, corresponde reconocerlos y establecer responsabilidades. La transparencia no debilita a las autoridades; por el contrario, permite que la sociedad comprenda la dimensión del desafío y participe en su solución.

También es indispensable que los cronogramas se cumplan. Cada cambio inesperado representa pérdidas económicas y afecta especialmente a quienes no cuentan con generadores o recursos para enfrentar la emergencia. Las empresas, los hospitales, las escuelas y los hogares necesitan previsibilidad para organizarse. Un calendario confiable es una obligación básica, no un favor.

La crisis energética exige decisiones técnicas, inversión y una política de Estado que trascienda los gobiernos de turno. Pero ninguna estrategia será sostenible si se construye sobre la opacidad. Ecuador necesita energía, planificación y, sobre todo, confianza. Y la confianza comienza cuando las autoridades dejan de maquillar la realidad y explican, con datos y sin excusas, qué ocurre, qué se hará y cuándo se verán resultados.