OPINIóN

Editorial: El Niño empobrece


Los efectos del fenómeno de El Niño en Ecuador no se limitan a las pérdidas agrícolas, los daños viales o las afectaciones a la actividad comercial.

Los efectos del fenómeno de El Niño en Ecuador no se limitan a las pérdidas agrícolas, los daños viales o las afectaciones a la actividad comercial. Las inundaciones también profundizan la pobreza de familias cuyos ingresos apenas cubren sus necesidades básicas. La emergencia climática expone, además, las consecuencias de una inversión pública insuficiente en sectores vulnerables.

Machala ofrece un ejemplo concreto. En las inmediaciones del estero El Macho, las inundaciones afectan a familias que ya enfrentaban pobreza por ingresos. La falta de obras para prevenir desbordamientos y mejorar las condiciones del entorno agrava su situación. El agua invade las viviendas, deteriora electrodomésticos, destruye ropa y compromete enseres adquiridos con años de esfuerzo. La contaminación del estero añade riesgos sanitarios que exigen atención médica y medicamentos, gastos que reducen aún más el presupuesto familiar.

En El Guabo, la parroquia Tendales enfrenta una problemática similar. Cerca de 900 personas debieron abandonar sus hogares y trasladarse a albergues. A las pérdidas materiales se suman las interrupciones escolares de sus hijos, con consecuencias para la continuidad educativa. En Santa Rosa, el sector Las Cañas también registra afectaciones vinculadas a las inundaciones. Estas localidades evidencian que las emergencias golpean con especial fuerza a quienes disponen de menos recursos para recuperarse.

La pobreza, por tanto, no depende únicamente del nivel de ingresos. También aumenta cuando una familia pierde sus bienes, enfrenta gastos imprevistos, abandona temporalmente su vivienda o interrumpe la educación de sus hijos.

La distribución de la inversión pública requiere una revisión con criterios de equidad territorial. Las zonas expuestas a inundaciones necesitan obras de drenaje, limpieza y recuperación de cauces, saneamiento ambiental y sistemas de prevención. También requieren servicios de salud accesibles, protección para la población evacuada y mecanismos que garanticen la continuidad de las clases.

La exposición persistente de comunidades enteras a los efectos de El Niño revela decisiones públicas pendientes. Ninguna obra elimina todo riesgo, pero la infraestructura adecuada reduce daños y evita que una emergencia destruya el patrimonio de quienes menos tienen.

Invisibilizar estas necesidades prolonga una desigualdad que transforma cada inundación en una nueva carga económica. La política pública debe proteger vidas, viviendas, educación y salud, con prioridad para quienes carecen de recursos para afrontar otra emergencia.