OPINIóN

Editorial: La falta de prevención agrava el costo de las inundaciones


Las inundaciones en Machala y El Guabo exponen las deficiencias de la planificación pública ante una emergencia que afecta a familias y viviendas

Las inundaciones en Machala y El Guabo exponen las deficiencias de la planificación pública ante una emergencia que afecta a familias y viviendas. La falta de albergues suficientes para recibir a los damnificados revela una falla que trasciende la capacidad de respuesta inmediata.

La magnitud de las precipitaciones no explica las dificultades que enfrentan quienes pierden temporalmente sus espacios de residencia. La preparación institucional, la identificación anticipada de zonas vulnerables y la disponibilidad de refugios forman parte de las responsabilidades de las autoridades.

Esa planificación no puede limitarse a reuniones de emergencia, evaluaciones posteriores o anuncios de asistencia. Requiere mapas de riesgo actualizados, protocolos de evacuación, espacios habilitados para la recepción de damnificados, reservas de alimentos, agua potable, medicamentos y condiciones sanitarias para proteger a niños, adultos mayores y personas con discapacidad.

La insuficiencia de albergues plantea preguntas sobre la coordinación entre los gobiernos municipales, la Prefectura de El Oro, el Gobierno central y los organismos de gestión de riesgos. Cada institución tiene competencias específicas, pero la atención a una emergencia exige responsabilidades definidas, recursos disponibles y mecanismos de cooperación que funcionen antes de las primeras evacuaciones.

Las familias damnificadas necesitan techo, alimentación, atención médica y seguridad. También requieren información clara sobre la duración de su permanencia en los refugios, las condiciones para recuperar sus viviendas y las medidas destinadas a evitar nuevas afectaciones. La respuesta pública debe considerar tanto la emergencia inmediata como la recuperación de los medios de vida.

La prevención demanda inversión, mantenimiento de drenajes, control de asentamientos en áreas expuestas, protección de cauces y sistemas de alerta temprana. Estas medidas necesitan presupuesto, cronogramas verificables y seguimiento ciudadano. Sin esos instrumentos, cada temporada lluviosa encuentra a las comunidades ante problemas que las instituciones conocen desde hace años.

La falta de planificación añade incertidumbre a quienes ya enfrentan una situación difícil. Las autoridades de Machala y El Guabo deben evaluar sus fallas, transparentar los recursos destinados a la gestión de riesgos y establecer compromisos concretos para ampliar la capacidad de acogida. La prevención constituye una obligación pública; su ausencia traslada sus consecuencias a la población que más necesita protección.