Probablemente en las épocas de nuestros padres y más seguramente en la de nuestros abuelos, había un calendario climático bastante previsible
Probablemente en las épocas de nuestros padres y más seguramente en la de nuestros abuelos, había un calendario climático bastante previsible. Se sabía cuándo se debía preparar los terrenos, cosechar, aporcar, este último término recuerdo haberlo escuchado tanto en boca de mi abuelo paterno como de la abuela materna, los dos ligados a la agricultura. Pues bien, había que saber cuándo acumular la tierra hacia el tallo, con cuidado de no cortar las raíces, abriendo surcos para la circulación del agua, cuidando que las plantitas crecieran derechas y luego se carguen de frutos.
Por supuesto se sabía siempre cuando cosechar y disfrutar del trabajo realizado a lo largo de los meses de espera. También sabíamos cuando llegaban las aguas, cuando los vientos eran más fuertes, cuando llegaban los temporales.
En fin, había más certidumbres en el campo del clima y de la agricultura, que francamente ahora ya no las tenemos y que hasta podrían contradecir el “Tiempo hay de todo” del Eclesiastés, si queremos aplicarlo de manera literal. Ahora, en tiempos de El Niño o del Súper Niño como se le ha llamado a este fenómeno climático, las cosas se acentúan, con efectos contradictorios: mucha lluvia en la costa, mucha en ciertas partes de la sierra, lo que ocasiona inundaciones, vientos, granizo fuerte, con los destrozos consiguientes en campos y en viviendas. En cambio, en otras partes de la misma Sierra, y hasta de la Amazonía, sequías intensas, lo que ha acentuado la crisis climática, al vaciarse las represas. Pero también se hacen presentes fuegos e incendios con sus fuertes consecuencias.
Calores intensos durante el verano en todo el continente europeo y también en América del Norte, ocasionando la muerte de miles de personas, sobre todo de las de la tercera edad. Pero ahora hay tiempos de lluvias, de vientos huracanados, que a veces impiden la transportación aérea y ocasionan retrasos y cancelaciones.
¿Seguirán acentuándose los fenómenos climáticos? Todo parece indicar que sí, por lo que los seres humanos tenemos que aprender a prevenir, pero también a adaptarnos, si no queremos sucumbir ante las crisis que vendrán.