OPINIóN

Editorial: En la tragedia no hay ganadores


Las inundaciones que golpearon al norte de Machala no solo dejaron calles anegadas, viviendas bajo el agua y cientos de familias damnificadas

Las inundaciones que golpearon al norte de Machala no solo dejaron calles anegadas, viviendas bajo el agua y cientos de familias damnificadas. También dejaron al descubierto una vergonzosa práctica política: utilizar el dolor ajeno para ganar protagonismo y, de paso, intentar sumar votos. Cuando la desgracia golpea a los ciudadanos, los aspirantes a la Alcaldía y a la Prefectura parecen encontrar una oportunidad para promocionarse.

Y que quede claro: aquí no se salva ninguno, son todos los candidatos, sin excepción. Unos pretenden aparecer como héroes, los salvadores que supuestamente tienen todas las soluciones; otros asumen el papel de villanos, repartiendo culpas y señalando responsables. Cada cual monta su propio espectáculo, pero todos parecen olvidar que detrás de sus publicaciones, fotografías y discursos hay familias que lo perdieron todo y que hoy necesitan ayuda, no protagonismo político.

¿Dónde estaban estos candidatos antes de que el agua inundara los barrios? ¿Cuántas veces recorrieron esos sectores para conocer sus problemas de alcantarillado, drenaje y falta de infraestructura? Las inundaciones no son una novedad en Machala. Son una realidad recurrente que exige planificación, inversión y soluciones definitivas, no visitas oportunistas cuando las cámaras están encendidas.

La solidaridad no necesita publicidad ni discursos calculados para conseguir reacciones en redes sociales. Quien realmente quiere ayudar, lo hace sin convertir cada donación o recorrido en propaganda electoral. Y quien pretende gobernar la ciudad debe demostrarlo con propuestas concretas, no aprovechándose de la desesperación de quienes hoy claman por atención.

Los machaleños necesitan respuestas, no una competencia para determinar quién posa mejor frente a una vivienda inundada o quién lanza la acusación más contundente. La Alcaldía no se gana con lágrimas ajenas ni con espectáculos montados sobre la desgracia de otros.

¡Basta de show! El dolor de las familias damnificadas merece respeto. La tragedia no es una tarima política, las necesidades de la gente no son propaganda y los votos no se consiguen a costa del sufrimiento de los demás.