Las primeras lluvias asociadas al fenómeno de El Niño exponen una realidad que las autoridades de El Oro no pueden atribuir a la fuerza de la naturaleza
Las primeras lluvias asociadas al fenómeno de El Niño exponen una realidad que las autoridades de El Oro no pueden atribuir a la fuerza de la naturaleza: la ausencia de planificación, prevención y coordinación institucional. Atahualpa, el altiplano orense, Santa Rosa, Pasaje, El Guabo y Machala enfrentan consecuencias que revelan una cadena de omisiones en la gestión del territorio.
El desbordamiento de ríos y quebradas, las inundaciones en sectores poblados, los problemas en la infraestructura vial y la acumulación de sedimentos en los cauces responden también a la falta de intervenciones oportunas. La limpieza de canales, el desazolve de ríos, el dragado de desembocaduras y el mantenimiento de los sistemas de evacuación pluvial no constituyen tareas secundarias. Son responsabilidades institucionales que exigen programación, presupuesto y ejecución antes de la temporada invernal.
Cada episodio de lluvia activa una respuesta reactiva. Las autoridades recorren los sectores afectados, anuncian maquinaria, coordinan asistencia y ofrecen soluciones inmediatas. Esas acciones atienden necesidades urgentes, pero no reemplazan las obras que debieron anticiparse a las precipitaciones. La población no necesita únicamente funcionarios en los sitios de emergencia; necesita administraciones capaces de evitar que los mismos problemas se repitan.
El Oro requiere un liderazgo articulador desde el COE provincial, con capacidad para convocar a prefectura, municipios, juntas parroquiales y organismos del Gobierno central. La prevención demanda responsabilidades compartidas, cronogramas verificables y seguimiento de cada intervención. Ninguna institución puede actuar de espaldas a las demás cuando los ríos, quebradas, canales y vías conectan territorios y comunidades. Pero la coordinación tampoco debe convertirse en un mecanismo para diluir responsabilidades. Corresponde establecer qué autoridades omitieron sus obligaciones, qué proyectos preventivos quedaron pendientes, qué presupuestos carecieron de ejecución y qué contratistas incumplieron sus compromisos. Cuando existan indicios de negligencia o incumplimiento, los organismos de control y la justicia deben determinar responsabilidades y aplicar las sanciones correspondientes. El fenómeno de El Niño no exonera a quienes tuvieron competencias y recursos para prevenir sus efectos. Las lluvias exponen las consecuencias de decisiones administrativas, omisiones y prioridades equivocadas. El Oro necesita respuestas técnicas, liderazgo y rendición de cuentas.