HUAQUILLAS.- El agravamiento de la crisis económica ha llevado a miles de venezolanos a migrar en condiciones de peligro, sin dinero, ni documentos,
HUAQUILLAS.- El agravamiento de la crisis económica ha llevado a miles de venezolanos a migrar en condiciones de peligro, sin dinero, ni documentos, ni plan, tan solo con el deseo de escapar de una situación que no les ofrece más que hambre y miseria.
Hace pocos meses, muchos venezolanos pobres salieron a pie por la frontera de Huaquillas (Ecuador) hacia diferentes ciudades de Perú. Aquello evidenciaría la falta de medidas preventivas para enfrentar la crisis entre uno de los grupos más vulnerables: los migrantes indocumentados.
EXTRANJEROS EN SITUACIÓN DIFÍCIL
Hoy por hoy, ante la emergencia sanitaria a nivel del mundo, decenas de extranjeros (venezolanos) se encuentran varados en la línea de frontera entre Aguas Verdes y Huaquillas, frontera que está custodiada por cientos de militares para evitar el ingreso de migrantes que pretenden regresar a su país de origen.
Ellos, que en los últimos meses han residido en varias ciudades del vecino país del sur, según propias declaraciones han dicho que las autoridades peruanas, a través del personal militar, han sido trasladadas hasta la frontera con Ecuador (Huaquillas), “donde serán atendidos con medicina y alimentos. Pero todo ha sido una farsa, hemos sido engañados y ahora estamos en la frontera sin poder avanzar o regresar”, dice Rafael Arenales Mora, que hace 25 días ha viajado para llegar a la frontera entre Ecuador y Perú.
VARADOS EN EL PUENTE DE LA PAZ
Alrededor de 30 personas han llegado al Puente de “La Paz”, presionados por militares de las dos partes, Huaquillas y Aguas Verdes, “el Comisario de Cancas nos engaña diciendo que en la frontera con Ecuador nos esperan con comida y podíamos seguir nuestro viaje. Nosotros creímos, pero fuimos engañados. Atrás vienen muchos más. Los amontonan en plazas y los traen aquí. Es decir, (Perú) salen del problema, nos perjudican a nosotros y ahondan la situación a Ecuador. Describir el comportamiento de autoridades en la frontera entre Ecuador y Perú no es un remedio, es más, ahonda la dolencia”, dijo Arenales Mora.
De repente entran en pánico. La sola idea de no poder regresar a Venezuela, a ver a sus familias, los agobia. Cruzar la frontera por uno de los puentes o trocha, es el deseo de la mayoría, pero han llegado al Puente de “La Paz” para probar suerte de cruzar y buscar algo de alimento o tomar un sorbo de agua…
Un camino largo, que suena agotador y arriesgado para regresar a casa, pero es lo que buscan todos, estar donde debían estar hace meses, junto a sus familias y en cada uno de sus hogares, aunque sean impactados por el coronavirus.
“En 21 días era mi plan para llegar a Venezuela, nunca imaginé que no podría regresar, así como cuando decidí salir de mi país. Estos días se han convertido en un tiempo indefinido e incierto lejos de casa”, dijo Rafael Arenales, al tiempo que agarra una botella de agua que le extiende un militar ecuatoriano.
Los extranjeros varados en el Puente de “La Paz”, que con seguridad aumentarán en número, en los que se cuenta venezolanos, colombianos y un ecuatoriano, no atinan que hacer: sin ropa, sin alimentos, medicina, a la intemperie, en el día soportando sol y por la noche frío en sus agotados cuerpos.
CLAMAN POR ASISTENCIA HUMANITARIA
Llegaron al sector mencionando a las 17h00. Allí un camión particular los dejó. Ellos claman asistencia humanitaria, solicitan a las Agencias Internacionales les extienda la mano. Igual a Derechos Humanos, a la defensoría del Pueblo, para que echen una mirada piadosa a su situación.
En el grupo se supo de un ecuatoriano, Erwin Guamaní (31) oriundo de Santo Domingo de los Tsáchilas, “regresaba de Chiclayo y me han impedido el paso. Cuatro meses estaba trabajando en el mercado de esa ciudad. Deseo reunirme con mi familia. Somos tratados como si “oliéramos a mierda”. La gente se está enfermando y se han convertido en lo que se denomina estos días “población de riesgo”.
Aldo Colmenares es otro venezolano, menciona que ha conversado con otros compatriotas en situaciones similares, que vienen atrás. “Sí, hay muchos casos de personas angustiadas fuera de sus países intentando volver a sus hogares, pero se está convirtiendo en una pesadilla. No imaginé que iba a terminar en la frontera sin alimento, sin abrigo y, sobre todo, sin esperanza e intentando regresar a casa”. Agrega que “tratan de no caer en angustia y desesperación porque es peor”, pero que quieren regresar y lo que más les atormenta es ver en las noticias que países como Ecuador sufren una horrible situación sanitaria.
“Los señores peruanos nos botaron hasta aquí y los señores ecuatorianos no dejan cruzar, es terrible. La señora donde alquilaba me botó y voy de regreso a mi tierra. Tendré que defenderme de varias cosas para sobrevivir: coronavirus, hambre, frío, delincuencia, pero con seguridad una de estas me vencerá”, dijo Colmenares.
CONTROL MILITAR EN LA FRONTERA
Un oficial del Ejército que decidió hablar sobre esta situación, dijo que misión encomendada es hacer cumplir el ingreso de extranjeros por la situación que vive el país, “ocurre que la noche del lunes 13 de abril llegó un camión con personas de Venezuela, Colombia, Bolivia y Ecuador, pretendiendo entrar a Ecuador, luego que le han ofrecido que apenas pisen el Puente de “La Paz”, se les daría transporte, alimentos, pero no es verdad dicha aseveración, eso indican ellos. Aquí están retenidos sin poder cruzar a Ecuador”, dijo el oficial en grado de teniente.
Este tipo de situaciones, según información recabada en la línea de frontera, estaría ocurriendo a diario. Dayer Martínez, residente en Villa Salvador en Lima, llegaba a la frontera a ver a su hija de 4 años, pero ha sido imposible porque la frontera está cerrada e impiden el paso.
Para los extranjeros, estar atenazados por el cierre de dos fronteras (Huaquillas y Aguas Verdes) dibuja un escenario incierto en el terreno y que dejaría en vulnerabilidad a los migrantes que están en tránsito y a los devueltos por el Perú. El país latinoamericano se apoya en una red de albergues operados por organizaciones civiles para acoger a los migrantes, casi siempre con falta recursos y capacidad muy limitada. Un cuello de botella mayor podría colapsar ciudades fronterizas con poca infraestructura, en medio de la crisis por el coronavirus, alertan las organizaciones.