OPINIóN

¿Evaluación metacognitiva? (III)


Lenin Ordóñez García

El planteamiento dado por el Ministerio de Educación es que las evaluaciones quimestrales, que resultan ser sumativas de los dos parciales previos, incluya un componente metacognitivo, cuyo peso valorativo sea del 60% de la nota total de la prueba.

¿Es procedente y conveniente considerar esta ponderación? Personalmente, lo creo inadecuado, sobre todo porque no he visto que se haya trabajado adecuadamente en este año, cuando el retraso cognitivo por motivos de la pandemia es enorme. De todos modos, está dado.

¿Qué sabía? ¿Qué he aprendido? ¿Cómo lo he conocido? ¿Qué me falta conocer? ¿Por qué no he podido asimilarlo por completo? ¿Qué me ha faltado? ¿Me servirían para aplicarlos en mi vida y otras circunstancias? …

Preguntas como las anteriores circundan la metacognición, pero se pueden plantear muchas más. De singular importancia resulta, entonces, disponerlas con regularidad al inicio o final de las clases, en todas las materias, en todos los niveles formativos.

Si la prueba quimestral debe tener un “componente metacognitivo” es labor de los docentes instrumentar planteamientos adecuados que puedan ser evidenciados por los estudiantes y permitan un conocimiento pleno de cómo estamos trabajando y qué nos falta ajustar.

Igual que la escalera de la metacognición pueden ser apoyos vitales tanto la taxonomía de Bloom, que escalafona el nivel cognitivo del alumno de inferior a superior, como la taxonomía de Marzano y Kendall, que toma en cuenta metas y estrategias de aprendizaje.

Queda, pues -nuevamente- en manos de los docentes, de sus directivos y asesores bosquejar evaluaciones adecuadas para sacar provecho máximo a lo que la reflexión profunda puede llevar a un estudiante en cuanto a sus objetivos formativos.