Martín Aguirre
“Prefiero pagar el IVA al 15% que la vacuna a los extorsionadores”, esta es una frase que mencionan quienes apoyan la propuesta del ejecutivo de subir el Impuesto al Valor Agregado (IVA) del 12 % al 15 %, sin embargo, hay que analizar concienzudamente los pros y contras de esta medida económica.
Si bien es cierto el 2023 cerró con un alto déficit en las arcas estatales y se tiene previsto que en el primer trimestre del 2024 este inconveniente se mantenga, no podemos desconocer que la situación económica de la mayoría de los ecuatorianos también se encuentra en déficit con recesión y limitaciones permanentes para cubrir las necesidades más básicas. Se menciona que al subir el IVA los afectados serían quienes tienen más poder adquisitivo y consumen más, ya que las deducciones y exenciones tributarias aplicables al IVA se mantendrán vigentes y estas incluyen los productos de la canasta básica, sin embargo al subir el IVA, el precio de otros productos, materias primas importadas, entre otros también subirá. Aunque el pobre no compre estos productos, el efecto final si se verá reflejado en la inflación que llegará a todo lo que se comercialice, sin excepción alguna.
Si no se sube el IVA se corre el riesgo de que no haya dinero para cancelar los sueldos de los servidores públicos del país, la mayoría de ellos de clase media baja que consumen dentro del país. Además no alcanzará el dinero para cubrir el costo de la guerra interna contra el narcoterrorismo, la situación de control que parecen tomar nuestros uniformados podría revertirse si no hay recursos.
Pero si el IVA sube, uno de los sectores más afectados serán las PYMES (Pequeñas y medianas empresas) que ya tienen un margen de ganancia menor que las grandes transnacionales, si las ganancias bajan es muy probable que nos encontremos con un escenario de cierre de PYMES o despidos, aumentando el desempleo, el comercio informal y otros problemas sociales.
Cada quien es libre de hacer su análisis y opinar al respecto, estas son solo algunas apreciaciones del escenario al que nos enfrentamos si se suben o no esos 3 puntos en el famoso impuesto. No está por demás mencionar que también se deberían barajar otras alternativas, una de ellas limitar el gasto público, pero eso lo hablaremos en otro espacio editorial.